Reanudación de la agresión contra Gaza y la hipótesis de una guerra total
En este momento crítico de la historia de la región, el Eje de Resistencia puede verse obligado a romper con sus viejos hábitos y optar por la confrontación.
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La mayoría de los países árabes e Islámicos, por medios de sus regímenes gobernantes y pueblos, todavía siguen en la posición de verse afectados.
Está equivocado quien piensa que la reanudación de la guerra desenfrenada del enemigo sionista contra la Franja de Gaza, la cual resultó en el martirio de más de 400 personas en sus primeras horas, obedece solo al deseo de Netanyahu de prolongar la vida de su coalición de extrema derecha y protegerla de la caída y la desintegración.
También lo está quien cree que el regreso al escenario de la guerra tiene como objetivo impulsar algunas de las decisiones polémicas de Netanyahu, como la destitución del jefe del Shin Bet, Ronen Bar, o la aprobación de ciertas leyes en la Knesset.
Aunque las razones mencionadas, junto a otras simplificadas, podrían contribuir a la toma de tal decisión, no son más que razones secundarias.
Algunas de ellas son utilizadas por los medios del enemigo, alineados con el gobierno, para ocultar las verdaderas razones detrás de la agresión.
Revelar o declarar estas razones podría tener consecuencias no deseadas para el enemigo y sus aliados, o al menos prefieren posponerlas para más adelante.
Al examinar los recientes desarrollos en la región, podemos descubrir la verdadera razón detrás de lo acontecido.
La razón está fundamentalmente relacionada con la implementación de un plan conjunto estadounidense-israelí para decidir la batalla militar con el Eje de la Resistencia en la región y asestarle un golpe decisivo.
Este plan aprovecha algunos logros tácticos alcanzados durante el último año y medio, los cuales ambos bandos creen podrían abrir el camino para imponer a “Israel” como el "policía indiscutible" de la región, marginar y derribar a otras fuerzas importantes, en especial a aquellas opuestas a sus planes expansionistas y criminales.
Desde el acuerdo de alto al fuego en su aspecto palestino, hace casi dos meses, el Estado ocupante incumplió la mayoría de sus términos y creo numerosas crisis para llevarlo al colapso.
Además, rechazó avanzar a la segunda fase, la cual estipulaba de forma explícita la retirada de los territorios de la Franja, facilitar la entrada de carpas y viviendas temporales, así como equipos pesados necesarios para remover escombros y comenzar la reconstrucción, junto con la apertura del cruce de Rafah en ambas direcciones.
Estos detalles habrían llevado con posterioridad a la declaración de un cese definitivo de la guerra.
Pero el incumplimiento, culminado con el regreso a la política de asesinato y agresión en el sangriento martes, coincidió con varios desarrollos previos a nivel regional, relacionados de una forma u otra con la preparación secreta de una nueva agresión contra Gaza.
La situación de seguridad quedó deteriorada a ambos lados de la frontera libanesa-siria tras los ataques con misiles lanzados por las fuerzas del nuevo régimen de Damasco contra pueblos y ciudades en la frontera oriental de Líbano.
Estas agresiones buscan provocar una reacción de los combatientes de Hizbullah, quienes negaron cualquier relación con esos eventos.
A su vez, ello indica un claro deseo del actual régimen sirio de distraer a Hizbullah y agotar sus fuerzas, las cuales están preparadas para una posible confrontación en el lado sur de la frontera, especialmente ante los continuos ataques israelíes y el incumplimiento de varios términos del acuerdo de calma en su aspecto libanés.
A más de mil 700 kilómetros de los territorios palestinos y libaneses, los hilos del plan estadounidense-israelí son evidentes.
Cazas estadounidenses y británicos atacaron varias ciudades yemenitas en los últimos días, causaron decenas de mártires y heridos.
Esa agresión supera, en escala, alcance y pérdidas humanas y materiales, los ataques anteriores.
Aunque este ataque brutal fue dirigido a ciudades yemenitas, su eco resonó en la capital iraní, Teherán, amenazada de manera explícita por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al responsabilizarla de cualquier reacción yemenita ante la agresión descarada.
Esto allana el camino, como señalan muchos expertos, para un posible enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán, escenario evitado por la mayoría de los mandatarios estadounidenses en los últimos años, incluido el propio Trump durante su primer mandato en 2016.
La escalada de EE. UU. contra Irán no fue limitada a amenazas y advertencias, también incluyó un claro regreso a la política de máxima presión económica.
Ello fue evidente con el fin de la exención de Irak para pagar la electricidad a Irán, junto con la amenaza europea, impulsada por Estados Unidos, de reactivar el mecanismo de activación contra Irán.
Ante estos movimientos, muchos análisis señalaron su interconexión y sincronización, además sugirieron eran parte de un plan a largo plazo preparado desde la época del expresidente Joe Biden.
El Eje de la Resistencia, en todos sus frentes, están ante un desafío existencial en el pleno sentido de la palabra.
Aunque con anterioridad, intentó retrasar este enfrentamiento mediante concesiones temporales, como ocurrió en Líbano, Gaza, Irak e incluso Irán, la situación actual en la región y sus posibles repercusiones en los próximos días y semanas obligan al Eje a tomar decisiones difíciles, posiblemente decisivas, las cuales podrían definir el futuro de la región en los próximos 20 años, como mínimo.
Para ser más precisos, el Eje de la Resistencia tiene dos opciones, ambas llenas de riesgos y con posibles consecuencias graves y complejas.
La primera es doblegarse aún más ante la tormenta de Washington y “Tel Aviv”, junto a una amplia coalición de países occidentales, algunos históricamente influyentes, y otros árabes e islámicos decididos hace tiempo a apoyar al "eje del mal" y promover sus planes y conspiraciones.
La segunda es la confrontación total y abierta con el "eje del mal" en todos sus frentes.
Esta opción fue evitada por el Eje de la Resistencia, encabezado por Irán, en múltiples ocasiones por diversas razones, y prefirió postergar un enfrentamiento que, en cualquier caso, no será fácil garantizar en sus resultados.
Aunque ese enfoque de la paciencia estratégica fue alterado tras el asesinato del líder político de Hamas, Ismail Haniyeh, en el corazón de Teherán, con el bombardeo de bases militares israelíes por parte de Irán, el Eje la mantuvo en líneas y aún es objeto de debate incluso entre sus partidarios.
En esta etapa crítica de la historia de la región, la cual podría presenciar desarrollos dramáticos en varios frentes, no solo en Gaza, el Eje de Resistencia podría verse obligado a romper con sus viejas costumbres y optar por la confrontación, sin importar el costo o los riesgos.
En cualquier caso, independiente de las opciones elegidas por el Eje de la Resistencia para enfrentar lo llamada “batalla impuesta", y sin importar las herramientas o métodos utilizados, el devenir en la región podría ser muy diferente a lo anterior, tanto en forma como en contenido. Incluso podría desencadenar una explosión masiva cuyo precio lo pagarían todos, sin excepción.
Lo lamentable en todo esto es que la mayoría de los países árabes e islámicos, a través de sus gobiernos y pueblos, siguen estando en el lado pasivo de los eventos.
No lograron, como algunos esperaban (incluyéndome), en especial después de las cumbres de Riad y El Cairo, alcanzar un nivel de influencia que les permita imponer al menos los resultados mínimos de sus reuniones y conferencias.
Hasta ahora, no pudieron obligar al enemigo a detener sus crímenes y masacres, ni siquiera abrir el cruce de Rafah para llevar alimentos y medicinas a los habitantes de Gaza, que están bajo asedio.
Estos países, gobiernos y pueblos no estarán a salvo si cae el último muro de la nación enfrentada a las fuerzas del mal y la arrogancia.
Quedarán, sin previo aviso, en el ojo de la tormenta, la cual arrastrará a todos en la región, sin excepción, al redil israelí, donde el destino de todos será la masacre, tarde o temprano, incluso si muestran lealtad y obediencia al carnicero o pagan miles de millones de dólares del dinero de los pueblos a los asesinos y criminales.