Slogan
Director del Centro Al Quds de Estudios Políticos.
La celebración de la superación de los "enclaves costeros" y la conclusión de acuerdos y entendimientos con Sweida y Qamishli no significa que la espada de la partición se haya levantado del cuello de Siria, ni que el país haya entrado en una fase de seguridad y desarrollo.
Trump no es un destino, y tampoco lo es Netanyahu. Los árabes pueden voltear la mesa sobre ambos, ya que el objetivo de sus proyectos no son solo los palestinos, sino todos los países árabes en su seguridad, estabilidad, identidad, entidad, unidad, integridad territorial, soberanía e independencia.
La unidad de la Resistencia y su base de apoyo, tanto en Gaza como en Líbano, a pesar de las diferencias en sus contextos y circunstancias, derribó los objetivos y metas de las guerras más sucias de la historia.
El liderazgo histórico, carismático y paternal del difunto presidente Yasser Arafat logró manejar el escenario interno palestino de una manera que no hacía sentir a los demás fuera del "marco de la legitimidad", sin embargo, tampoco los acercó al "centro de toma de decisiones".
Las posibilidades de que Hay'at Tahrir al-Sham pase al "salafismo nacional" no lo llevan a la fase "post-yihadista".
Irán no cerró la cuenta, tal como lo indican múltiples mensajes en X en varios idiomas del Líder Supremo. La República Islámica no se desanima, sino que continúa la construcción de un “equilibrio de disuasión” con “Israel”.
El Acuerdo de Beijing es el mejor y más cercano a las posturas y demandas de las facciones de resistencia y del pueblo palestino en general.
El 14 de abril, Irán eliminó lo que quedaba de la imagen disuasoria de "Israel" destrozada el 7 de octubre.
El Diluvio de Al-Aqsa sacudió la inercia en la causa palestina y proporcionó una oportunidad histórica para retomar la iniciativa y crear un cambio estratégico en las percepciones y ecuaciones del conflicto árabe-israelí.
China destaca como un modelo que está ganando tracción mundial, no por ser invocado por regímenes y gobiernos para justificar su régimen autoritario, como ocurría en el pasado, sino por infiltrarse en la opinión pública, apunta el autor.