Un nuevo intento de tergiversar la historia libanesa: Distorsionar la Resistencia y ocultar a los mártires
Lo que está sucediendo hoy en Líbano es un intento de reescribir su historia para adaptarla a un proyecto político extranjero que excluye la resistencia, margina sus sacrificios y siembra dudas sobre sus símbolos y su heroísmo.
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Un nuevo intento de tergiversar la historia libanesa: Distorsionar la Resistencia y ocultar a los mártires.
El mártir y secretario general de Hizbullah, Sayyed Hassan Nasrallah en más de una ocasión enfatizó la importancia de leer la historia y extraer lecciones y moralejas de ella.
En los últimos años, intesificó su llamado a prestar atención a los libros de historia, especialmente a aquellos que abordan la de Líbano.
Nasrallah ha señalado la existencia de intentos de desinformación que han contribuido a distorsionar la imagen de algunas figuras y acontecimientos de la historia del país.
Sus discursos, en los cuales se centró en consolidar conceptos, situar los acontecimientos en sus contextos correctos y presentar los datos de forma precisa, constituyen un esfuerzo por afianzar los hechos históricos tal como son y protegerlos de los intentos de engaño y tergiversación.
La realidad es que la falsificación de la historia nunca se ha detenido. Los falseadores son muy conscientes de que escribir la historia de manera selectiva, resaltando un aspecto y ocultando otro, o alterando los hechos, puede contribuir a formar una conciencia colectiva que sirva a los intereses de la hegemonía y la consolidación del poder.
La gravedad de este asunto aumenta en los países con múltiples grupos religiosos los cuales han tenido conflictos internos, como es el caso de Líbano, algo que han señalado numerosos historiadores del país.
Entre ellos se encuentra el historiador Mounes Hujeiri, quien llegó a hablar de "mitos fundacionales" de la identidad libanesa, aportados por historiadores de la Iglesia Maronita en el Monte Líbano desde el siglo XVII hasta el XX.
En su libro “La escritura de la historia del Monte Líbano: los historiadores de la Iglesia y la identidad maronita”, Hujeiri sostiene que la narrativa histórica predominante en Líbano consagró un relato sesgado e inexacto, basado en la magnificación del papel de ciertos componentes en la construcción de la entidad libanesa, mientras marginaba a otros.
Según su análisis, esta narrativa fue producida y heredada a lo largo de los siglos, buscando presentar a los maronitas como un pueblo elegido y fundador de Líbano.
Hujeiri afirma que este relato contribuyó al surgimiento de tendencias aislacionistas en algunos componentes libaneses y, posteriormente, a la intensificación de la tensión sectaria.
También señaló que la historia escolar oficial en Líbano no ofreció una alternativa, sino que se detuvo en el año 1943, lo que dio paso a la hegemonía de este relato de carácter sectario y parcial.
Lo que escribió no requiere de mucho esfuerzo para ser confirmado; el asunto es evidente para cualquier lector de la historia oficial libanesa.
Es fácil observar que se limita a un marco geográfico específico y se presenta como el resultado de los esfuerzos de ciertos componentes en detrimento de otros, en medio de una omisión sistemática y deliberada de algunos.
En la narrativa oficial, no encontramos un lugar real para Jabal Amel, Bilad Bishara, Baalbek, o incluso para la antigua ciudad de Trípoli, excepto en la medida en que sirve a la narrativa dominante.
Apenas oímos o leemos algo sobre las figuras destacadas del pensamiento, la literatura, la jurisprudencia y la ciencia que dejaron una profunda huella en la historia libanesa.
Por ejemplo, ¿Saben los libaneses algo sobre el erudito Shams al-Din Muhammad ibn Makki al-Jizzini, conocido como el Primer Mártir (1333-1385), o sobre el Segundo Mártir, el erudito Zayn al-Din ibn Ali al-Amili al-Jubai (1506-1559)?
¿O incluso sobre los sabios y literatos del siglo XX, como Sayyed Abdul Hussein Sharafeddin, Sayyed Mohsen al-Amin y otros grandes eruditos y juristas?
En la historia oficial también se omiten acontecimientos cruciales. No se menciona nada sobre las dolorosas catástrofes y los firmes enfrentamientos que libraron integrantes fundamentales de Líbano contra el despotismo otomano o la ocupación francesa.
Desaparecen los hechos de la resistencia de los hijos de Jabal Amel, la Bekaa y Keserwan al-Futuh contra los gobernadores otomanos tiranos, mientras que se pone un énfasis exagerado en solo dos figuras: el emir Fakhreddine y el emir Bashir.
Incluso se oculta la mención de personalidades destacadas como Nasif Nassar, a quien el cónsul francés en Líbano en 1772, el caballero de Tott, describió como "el más célebre en toda Siria por su sencillez y su gran prestigio, y gobernador del país desde Saida hasta las fronteras de Acre".
Se borra la memoria de los héroes Sadiq Hamza y Adham Khanjar, hasta el punto de que su imagen en algunos libros se ha transformado en la de "bandoleros", cuando en realidad fueron héroes de la resistencia contra la ocupación francesa.
Las pruebas de la tergiversación de la historia libanesa son innumerables, y lo paradójico es que no se han detenido en el pasado. Aún hoy presenciamos nuevos intentos de desinformación que buscan reproducir la misma narrativa excluyente, lo que constituye un obstáculo grande y real para el establecimiento de un estado de ciudadanía en Líbano.
Algunos libaneses, a quienes se podría describir como "pro americanos" por su total sumisión a la hegemonía estadounidense y su plena implicación en sus proyecto, intentan establecer una nueva narrativa histórica basada en la distorsión y falsificación de una de las épocas más espléndidas e importantes de la historia de Líbano: la era de la Resistencia.
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Esta era convirtió a Líbano en el único país árabe que logró liberar su tierra de la ocupación sionista sin condiciones, y contribuyó a romper la trayectoria derrotista que comenzó con la Nakba de 1948, pasando por la de 1967, hasta la invasión israelí de Beirut en 1982.
Una activa maquinaria mediática y política busca imponer una narrativa basada en un conjunto de afirmaciones, entre las que destacan:
- Que la Resistencia libra "las guerras de otros" en suelo libanés.
- Que el desarme y la confiscación de armas es la única vía para salvar al Líbano.
- Que la Resistencia es la causa de la destrucción y las calamidades del país.
- Y que los mártires que pelearon las batallas de liberación, como Khaled Alwan, Sana'a Mehaidli, Nazih Qubrusi, Samir Kuntar, Yahya Skaf, Lola Abboud, Bilal Fahs, Khalil Jradi, Mohammed Saad, Ragheb Harb, Abbas al-Musawi, Ahmad Qassir y otros héroes de la resistencia, no eran más que "mercenarios" que trabajaban para partidos externos.
Esta distorsión se extiende hasta alcanzar las armas que libraron batallas honorables en Khalde, Saida, la Montaña, la Bekaa Occidental y el Sur, y que escribieron las más gloriosas páginas de heroísmo en la guerra de "Ajuste de Cuentas" de 1993, "Uvas de la Ira" de 1996, la guerra de julio de 2006, hasta la batalla de "Los Decididos" en 2024.
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Se promueve la idea de que estas armas deben ser retiradas, a pesar de su papel en la protección de los civiles, la disuasión del enemigo, la liberación de la tierra, la recuperación de los prisioneros y la prevención de la expansión de los asentamientos israelíes en territorio libanés.
La opción de la Resistencia, que ha demostrado su eficacia y viabilidad, se presenta como una opción suicida que amenaza la entidad libanesa, y no como un medio para protegerla y defender su soberanía.
La falsificación no se detiene ahí, sino que se extiende a la distorsión de la imagen del líder histórico mártir, Sayyed Hassan Nasrallah, quien cayó mártir en su cuartel general defendiendo Líbano, su seguridad nacional y las causas de la nación frente al takfirismo y el terrorismo.
Se atreven a atacar a este líder que portó el estandarte de la defensa de la libertad y la diversidad en el Levante, y que tomó las decisiones más valientes cuando lanzó la "Tercera Liberación" para expulsar a los terroristas de las fronteras de Líbano, preservando la finalidad de su entidad en un momento en que las fronteras de grandes países de la región se desmoronaban ante el extremismo y el terrorismo.
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Sayyed Nasrallah, quien protegió la paz civil y ofreció un modelo único de una resistencia que no duda en mostrar humildad ante los amigos de la patria, a pesar de haberse convertido en una potencia regional de amplia influencia, mantuvo los delicados equilibrios de Líbano y antepuso el interés de la nación a cualquier otra consideración.
Estos intentos continúan, beneficiándose de grandes recursos materiales, tecnologías mediáticas disponibles y un considerable apoyo político, lo que vuelve a situar a Líbano ante los peligros de la distorsión de su historia.
Lo que ocurre hoy en Líbano es un intento de reescribir su historia a la medida de un proyecto político externo, que excluye a la Resistencia, margina los sacrificios y siembra la duda sobre sus símbolos y hazañas.
Esta narrativa distorsionadora, si no se le hace frente, podría lograr socavar la identidad nacional unificadora y mantener a los libaneses prisioneros de sus identidades sectarias y divisorias.
Y esto, en esencia, es el mayor obstáculo para el establecimiento de un verdadero estado de ciudadanía y justicia.
La esperanza reside en aquellos que poseen la audacia y muestran la disposición de continuar el acto de resistencia en todos los frentes, siendo uno de los más importantes el frente de la preservación de la memoria y la prevención de la falsificación de la historia.